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La Agència de Salut Pública de la ciudad dice que la causa es el exceso puntual de un compuesto químico que se genera durante la potabilización.

Barcelona. (EUROPA PRESS). El agua de Barcelona que procede del río Llobregat “podría” presentar un riesgo de cáncer “con la acumulación y a lo largo de los años”, según afirmó hoy el gerente de la Agència de Salut Pública de Barcelona (ASPB).

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Durante la presentación del informe ‘La salud en Barcelona’ durante 2006, Guix explicó que existen tres áreas de llegada de agua en la ciudad, la parte norte con predominio del río Ter, la parte sur, con agua mayoritariamente del Llobregat y el resto, que recibe agua de los dos ríos en diferentes proporciones.

La concentración máxima permitida de trihalometanos -un compuesto químico que se genera durante el proceso de potabilización del agua- es de 150 microgramos por litro. De forma puntual ha llegado a los 156,6 microgramos en el agua del Llobregat, que llega al 8% de la población barcelonesa y se concentra en Les Corts, Pedralbes, Poble Sec y Ciutat Vella.

Según el informe de la ASPB, la concentración media de trihalometanos no podrá mejorar del todo hasta que se acaben de construir las nuevas infraestructuras. Guix quiso dar un mensaje tranquilizador y destacó el trabajo de la compañía Aguas de Barcelona (Agbar) para poner en marcha nuevas desaladoras.

El 54% de los barceloneses bebe agua embotellada porque no les gusta el agua del grifo, pero no porque desconfíen de ella, según los mismos datos. “Sin banalizar, tenemos otros elementos que podrían parecer cancerígenos como las costillas a la brasa”, indicó.

 

Información consultada en La Vanguardia.

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El obispo Ricardo Blázquez acaba su mandato al frente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) con dos mensajes que han dejado hoy mudos a muchos prelados. El líder episcopal, prelado de Bilbao, ha pedido perdón para la Iglesia católica por “actuaciones concretas” de sus miembros durante la II República y la guerra civil —años 1931 a 1939, “el decenio de los treinta”, en palabras del prelado—, y ha recordado al cardenal Vicente Enrique y Tarancón como un hombre providencial por haber aplicado en España el Concilio Vaticano II y por convertirse en “instrumento eficaz de reconciliación” tras la muerte del dictador Franco. Los anticlericales de derechas y muchos obispos execraron de Tarancón por su actitud aperturista.

Hasta ahora los obispos han considerado a su Iglesia víctima de la República y de la guerra civil, pese a haber impulsado y apoyado el golpe militar que desató la guerra fraticida el 18 de julio de 1936, y bendecido como cruzada las acciones bélicas que desembocaron en una férrea dictadura de 40 años. “La Iglesia, en la guerra civil, fue sujeto paciente y víctima”, proclamó el 7 de abril de 2000 el entonces portavoz de la CEE, hoy obispo de Córdoba, Juan José Asenjo.

Esto ha dicho hoy el presidente Blázquez a la Asamblea Plenaria de la CEE, la última de su mandato: “En muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron; y probablemente en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la purificación de la memoria, a que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda”.

Escuchando a Blázquez, sentado a su izquierda en la presidencia, se encontraba el cardenal Antonio María Rouco. Era la primera vez que acudía a tiempo para oír un discurso de su sucesor en la presidencia. El cardenal de Madrid fue desalojado del liderazgo de la CEE hace tres años porque no logró los dos tercios de los votos necesarios para un tercer mandato. Hoy ha vuelto, por fin, quizás porque se abría la precampaña de las próximas elecciones episcopales, convocadas para marzo de 2008, en las que quiere ser protagonista, según sus numerosos seguidores.

El perdón reclamado ahora por Blázquez contrasta con la actitud elevada a documento oficial del episcopado cuando Rouco era presidente. Fue el 20 de noviembre de 1999, bajo el título La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX. Decían entonces los obispos sobre la que llamaban “la guerra civil más destructiva” de las historia: “No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba”.

Información consultada en El País.



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